
Un campamento de monjas con dos adolescentes con ganas de fiesta, y un Dios que se aparece cantando por Whitney Houston. Parece el comienzo de un chiste malo, o de una serie de baja producción, pero se trata de todo un fenómeno de masas. Llevaba más de 4 años triunfando en el teatro Lara, en Madrid; más de 300.000 personas ya han disfrutado de este musical; dio el salto a la gran pantalla -posteriormente se estrenó en Netflix causando furor-, y ahora gira por toda España.
Hablo de La llamada, una producción de Javier Calvo y Javier Ambrossi -conocidos popularmente como los ‘Javis’- que ha sido aclamada por la crítica y galardonada con multitud de premios, entre ellos: el premio Feroz, a la mejor película de comedia; el premio Golden Cinema al mejor reparto; el Goya a mejor canción original; y el premio Fotograma de Plata a mejor película según los lectores.
Y es que, a pesar de no tratarse de una película que a priori se le pudiesen augurar grandes éxitos, lo cierto es que el resultado no pudo ser mejor. No obstante, si se valora el producto, más que la mezcla homogénea que se proyecta al espectador, el triunfo se podría explicar por su fórmula.
Belén Cuesta, una apuesta segura en el humor

Desde su aparición en Ocho apellidos catalanes o Kiki, el amor se hace, Cuesta nos tiene acostumbrados a un derroche de gracia constante. Y lo cierto es que, basta con oírle decir las cuatro primeras palabras de guion para que comience la risa. Tiene un don innato. Y de ahí que la película goce de tan buena crítica por parte de los aficionados a las películas de comedia -porque, a decir verdad, su diálogo no tiene mayor complicación ni ningún tipo de guiño cómico: la gracia y el humor se explican por la habilidad de la actriz-.
El protagonismo de Belén Cuesta, sor Mercedes en la película, es incuestionable. Aunque su relevancia a nivel argumental no se descubre hasta el final. Su principal finalidad a lo largo del filme no es otra que introducir chascarrillos a una historia, aparentemente, ajena a su papel. Y esto es algo que se podría reprochar a los guionistas -también los Javis- ya que si la película se define como comedia-musical, debería habérsele dado mayor peso a sor Mercedes, sin duda alguna, el eje central de la comedia en esta producción -más allá de otros guiños que aparecen aisladamente como la intervención de Esti Quesada, como compañera del campamento; o la aparición de Mariona Terés, como camarera de la discoteca a la que van las protagonistas-.
Una historia de amor lésbico

Es cierto que en el mundo del cine nunca hubo una excesiva presencia de personajes LGTBI+. Y en el caso del lesbianismo, no se encuentran referentes claros o mujeres abiertamente lesbianas en la historia del cine -algo que sí pasa en el mundo gay-. Se estaba pidiendo a gritos una película en la que el argumento principal fuera una historia de amor lésbico, y esta, en parte, lo cumple.
La trama que se plantea en un principio, no parece ir más allá de unas amigas fiesteras, a las que obligan a ir a un campamento de monjas, pero que no están dispuestas a renunciar a noches de desenfreno. No obstante, cuando ya nos aproximamos al final, se descubre una historia de amor lésbico, aparentemente imposible, que acaba por hacerse realidad y rompe con la barrera que, por otra parte, siempre existió, entre la iglesia y el colectivo LGTBI+ -o simplemente critica de forma satírica esta relación: depende de la interpretación que se haga-.
Alimento al hito de Whitney Houston

En la película, además de dos adolescentes rebeldes y las dos monjas tratando de corregirlas, aparece y tiene gran protagonismo Dios. Sí, has leído bien: Dios. Sus apariciones a María encarnada por Macarena García- se producen en repetidas ocasiones, normalmente mientras duerme, y aparece cantando por Whitney Houston. El actor Richard Coolins-Moore ha sido el encargado de interpretar el papel de Dios, no solo en la película, sino también en todas las funciones en el teatro desde su primera función en el 2013. El símil con el que igualan a Whitney Houston con Dios, no hace más que engordar el ‘hito’ de la que fue conocida como ‘The Voice’ (‘La voz’).
Una banda sonora excepcional

La música en esta producción, como no podía ser de otra manera, tratándose de un musical, cobra gran protagonismo. Y no sólo eso, la calidad de esta es excepcional -y los galardones que ha recibido, abalan esta afirmación-.
El tema principal del filme, que corrió a cargo del cantautor Leiva y comparte título con la película, no sólo obtuvo el premio Goya a mejor canción original en 2018, sino que arrasó en ventas, convirtiéndose en disco de platino, algo no muy común cuando hablamos de canciones compuestas para películas; y que, de seguro, no hace otra cosa que reafirmar la calidad de esta.
Y como esta, muchas otras canciones originales que aparecen a lo largo de la trama y que no se conformaron con el reconocimiento de los espectadores de la película ni de la crítica de cine, sino que se colaron entre los éxitos de ventas de discos en España. La música en esta película ha triunfado.
En definitiva, una producción fuera de lo establecido
Cuenta con una trama diferente a lo que se nos tiene acostumbrados, un elenco de actrices y actores que no pueden encajar mejor en sus papeles, y una banda sonora que poco o nada tiene que envidiar a las grandes producciones de Hollywood. Esta película ha nacido con un objetivo claro: romper el estigma social contra las producciones nacionales. Y lo ha conseguido.
La película, en palabras de los directores “busca inspirar”: defiende la libertad a decidir siempre el camino que se quiere seguir, sin importar la edad ni ningún otro factor; y la importancia de ser uno mismo y perseguir nuestros sueños, sin atender a prejuicios ni a miedos. Los ‘Javis’ han llegado, dispuestos a romper con lo establecido, con el único objetivo de hacer del cine, un arte más inclusivo e inspirador. Han iniciado toda una revolución.