El periodismo cultural también importa

Fuente: Panorama Cultural.com.co

El proceso de globalización y una creciente comercialización mediática han desembocado en la homogeneización de la oferta cultural, no solo la que aparece en los medios, sino toda aquella que se produce. Los sistemas de creación, producción y distribución se han estandarizado pasando a ser similares -y casi idénticos- independientemente del producto del que hablemos.

De esta homogeneización ya hablaban Adorno y Horkheimer en 1944 en Dialéctica de la ilustración, cuando a través de su término industria cultural, presentaban la producción cultural como un proceso no creativo, sino industrial: una producción por tanto serial. Una cultura industrializada que busca en primer lugar el rendimiento económico a través de la distribución masiva, y la estandarización de las formas de producción. Todo esto nos lleva a una tendencia a la homogeneidad.

En este proceso de estandarización juega un papel fundamental el canon: el modelo o prototipo que reúne todas las características que se consideran perfectas dentro de su ámbito o género. Es decir, el prototipo de obra ideal. Este prototipo lo marcan las academias, que son los lobbies que hay dentro de la industria cultural. Y en este sentido el esquema de los polisistemas de Bourdieu constituye el principal mapa conceptual a través del cual, logrando la respuesta de todo lo que se plantea lograríamos el perfil perfecto.

¿Y por qué digo que el canon explica la estandarización? Porque que una obra cultural esté dentro del canon artístico, significará el amparo de todos los pies que están vinculados a él dentro de la industria cultural. El de los medios de comunicación de masas también.

Por otra parte, no es menos cierto que aún teniendo esta fórmula como la idónea para lograr el éxito en términos comerciales, nos encontramos con artistas que procuran estar fuera del canon: la llamada cultura alternativa. Pero esta cultura alternativa tiene también su propio canon.

Al final, todo nos lleva a unos estándares comunes y necesarios para un aprobado de quienes van a llevar nuestro producto a la audiencia: los medios de comunicación. Son estos los que deben presentar la oferta cultural a la ciudadanía, y por tanto en ellos recae la responsabilidad de hacer un correcto tratamiento de la información cultural, a través de los estándares básicos del periodismo de veracidad y rigurosidad, pero también buscando una profundización en los productos presentados.

Los medios deben ir más allá del mero noticismo, de una cultura de agenda basada en acontecimientos de importancia, aquellos que supongan una desviación significativa de la normalidad. Deben optar por presentar la cultura desde el conocimiento, no basándose tanto en hechos noticiosos sino ahondando en un tema cultural concreto. El periodista cultural debe ser curioso y optar, en muchos casos por la reflexión. No sólo por el compromiso adoptado con la audiencia de servicio público, sino para ofrecer una información trascendental: que ayude y facilite al espectador la comprensión de su entorno y sobre todo que aporte.

La cultura nos enriquece, amplía nuestro conocimiento y además contribuye a nuestra felicidad -según un estudio de Nela Filimon de la Universitat de Girona-. Por lo tanto, algo tan trascendental para nuestras vidas y para nuestro desarrollo íntegro debiera tener una mayor importancia en los medios de comunicación.

En el informe McBride es un documento que apela a defender la cultura y la identidad propia frente el ejercicio de poder que se hace a través de la comunicación. Habla de la necesidad de que el periodismo se ejerza desde la responsabilidad social -no desde la solidaridad con colectivos vulnerables-. Y en el periodismo cultural, esa responsabilidad social es mayor.

El periodista cultural debe comprometerse con el patrimonio y con la cultura. Defender la cultura es defender los intereses de la ciudadanía. Una ciudadanía que consecuentemente será más rica, más comprensiva, más culta, más realista incluso. La cultura está impregnada de valores imprescindibles para la convivencia en comunidad. No se trata sólo de un elemento de disfrute y de ocio, se trata de un elemento educativo y el periodista cultural debe concebir sus piezas teniéndolo en cuenta. La oferta informativa ha de profundizar también en esos valores y no quedarse con el mero acontecimiento.

El periodismo cultural, como ya lo dice el nombre es periodismo y es cultura. Es información, pero también reflexión. El significado de la obra debe estar impregnado en la pieza periodística. Eso es el periodismo cultural, y por eso es tan importante.

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